jueves, 18 de septiembre de 2014

Lectura 4

Semana del 22 al 26 de septiembre se trabajara en cada clase, no olvides que tu Papá o Mamá debe de poner su comentario y firma... recuerda también que es un rasgo a evaluar.
Cualquier duda... recuerda que puedes enviar un msj.. 

ghb

LA DROGA DEL BAILE ERÓTICO


Liquido insaboró que se pone en los refrescos; emborracha a la persona, la hace sentirse sensual y alegre.

El beso de Jennifer es tan repentino que me quedo paralizado. Siempre soñé con eso, pero algo no está bien. ¿Quién es la chica que esta sobre mí, besándome como si fuéramos novios desde hace meses?
Siento una extraña combinación de emociones: enamoramiento, alegría, excitación y miedo.
Respondo con torpeza a sus caricias. Se aparta y dice:
--- Me gustas mucho, Félipe. Estoy loca por ti.
--- Relájate --- respondo ---. Quítate esa peluca y abotónate el vestido. Vuelve a ser tu misma.
--- ¡Déjame! --- grita histérica ---. ¡No me toques! Tengo calor. Creo que voy a desmayarme. Quiero vomitar.
Da un salto y abriéndose paso entre la gente se dirige al sanitario. Voy detrás de ella; antes de entrar, voltea a verme y regresa para agarrarse de mi playera.
--- ¡Me asfixio, Felipe! El corazón se me quiere salir. Por favor ayúdame…
--- ¡Auxilio! --- grito.
Mi exclamación se pierde en el sonido de la música.
--- ¡Jennifer! --- le digo ---, ¿qué te pasa?
Jordy, el Zorrillo, y Modesta llegan corriendo.
--- ¡Traigan a alguien! --- ordeno ---, es urgente.
Modesta se va a toda prisa. Regresa con el portero. Detrás, llegan los demás compañeros.
--- Tenemos que sacarla de aquí…
--- ¡Necesita aire!
--- ¡Consigan un medico!
--- ¿Por qué tiene el vestido abierto?
Una de sus amigas le abotona la ropa mientras el portero nos lleva hasta afuera.
Jordy saca su celular. Me lo presta. Marco el teléfono de mi tía Beky. Le digo, casi a gritos, que debe venir de inmediato al antro. No le explico más y cuelgo.
En el pasillo de la plaza comercial, queda poca gente.
--- ¡Mi cabeza! --- se queja Jennifer con voz pastosa ---, no aguanto el dolor.
Respira con dificultad, los músculos de sus mandíbulas tiemblan. Parece hirviendo en fiebre.
--- ¿Qué me pasa, Felipe?
Sus ojos se abren enormemente y me miran con angustia.
Nuestros amigos no saben qué hacer. Me paro y corro.
--- ¿Adónde vas? --- grita alguien ---. No huyas.
Bajo las escaleras a toda velocidad. En la calle, busco a un policía. Paso más de diez minutos esperando. El tiempo parece eterno. Al fin llega una ambulancia. Corro hacia adentro guiando a los asistentes de emergencia.
Jennifer ha comenzado a convulsionarse.
Los paramédicos se mueven discretamente pero con seguridad. Uno revisa los signos vitales de Jennifer mientras otro le coloca una mascarilla de oxígeno. Pregunta:
--- ¿Saben si tomo alguna droga?
Todos voltean a verme.
--- ¡No! --- respondo de inmediato ---. Quizá antes de venir aquí comió algo que le hizo daño.
--- ¡Jennifer! --- grita una de sus amigas ---. Despierta. ¡Contesta!
--- Jóvenes, por favor retírense, déjenos trabajar.
En ese instante llegan, corriendo, mi tía Beky con su hija, Itzel.
--- ¿Qué ocurrió? ¡Dios mío!
--- ¡No responde! --- dice uno de los paramédicos ---, ¡tenemos que trasladarla de inmediato!
La suben a una camilla para llevarla a toda prisa hacia la ambulancia. Su peluca negra se queda tirada en el piso.
--- ¿Qué está pasando? --- pregunta mi prima Itzel, al levantar los cabellos artificiales.
Nadie le contesta. Caminamos detrás de la camilla. Cuando estamos en la calle, vemos llegar a mis papas. De seguro, mi tía les llamo. Parecen aterrados. Comienzan a hacerme preguntas. Yo no puedo ni hablar. Los compañeros alrededor de mí, explican sin ton ni son.
En mi mente se agolpan los recuerdos de esa semana. Un día antes, llame a mi tía Beky por teléfono para pedirle autorización de invitar a Jennifer a una fiesta en el antro de la plaza comercial. Mi tía se asombró un poco, porque, según me dijo, Jennifer estaba saliendo con un joven mayor, quien la llevaba en un coche deportivo a sus clases de jazz.
--- Lo sé, tía --- respondí ---. El tipo se llama Pascual. Trabajaba en la escuela como ayudante, pero ya renuncio y Jennifer corto toda relación con él.
--- ¿De verdad, Felipe? Que buena noticia me has dado.
Ese Pascual nunca me gusto. Prefiero, mil veces que Jennifer salga contigo.
Mi tía, además de ser la fundadora y administradora del orfanato, se considera la “mamá” de todas las niñas huérfanas de esa casa. Siempre lo ha dicho.
Convencer a mis padres resulto más sencillo. Solo les explique que se trataba de una tardeada y que no iban a dar bebidas alcohólicas. También les comente que iría con Jennifer, la chica más linda del orfanato. Me dejaron ir. No les platique nada de lo que ocurrió en la escuela. Pensaba decírselos después de la fiesta.
Los perfiles de la gente giran y las imágenes pasan ante mis ojos como una película en cámara lenta. La ambulancia enciende su torreta. El ruido agudo de la sirena resuena en mis oídos. Papá comienza a das instrucciones:
--- Ustedes, jóvenes, regresen a la discoteca, recojan las cosas de Jennifer y váyanse a sus casas. Beky, Itzel, Felipe y Lorena, suban al carro. Vamos a seguir la ambulancia.
Todos obedecemos. Ya en el auto, mi tía pregunta:
--- ¿De quién es el vestido que trae Jennifer?
--- No sé --- respondo ---. Fue al baño y salió con él.
--- ¿Y ese maquillaje y peluca?
--- Dijo que es una moda.
--- ¿Qué otra cosa rara notaste?
--- Estaba demasiado alegre.
Mi tía voltea a ver a su hija.
--- Itzel --- la interroga ---. ¿Jennifer se droga?
--- Claro que no, mamá, tú la conoces, ¡es una chava hiperactiva, pero sana! Todo el tiempo organiza coreografías de jazz.
Llegamos al pabellón de urgencias y bajamos del auto a toda prisa.
Durante varios minutos nadie nos da ninguna información.
Al fin sale un médico, preguntando:
--- ¿Quiénes son los papás de Jennifer?
Mi tía Beky se adelanta para explicar:
--- Ella es huérfana. Yo soy su tutora.
--- ¿La joven tomo alcohol?
Voltean a verme.
--- Si… --- confieso ---, pero no mucho.
Mi padre protesta:
---- Felipe, tú me dijiste que era una tardeada “de refrescos”.
--- Si, papá, pero un amigo le dio propina al mesero y nos dio soda preparada.
--- No lo puedo creer.
El medico insiste:
--- ¿Cuánto alcohol tomo?
--- Unos cuantos vasos de refresco de toronja con tequila…
El doctor asiente, luego informa:
--- Las cosas están mal, señora. Me apena decirles que la joven sufrió una sobredosis de droga. Le hicimos varios exámenes de identificación, y todo parece indicas que se trata de GHB.
--- ¡No puede ser! --- dice mi tía ---, debe haber un error.
--- En verdad lo lamento.
Hay un silencio denso. Durante varios minutos nadie puede articular palabra.
--- Explíquenos mas --- dice mi madre.
--- ¿Qué quiere decir?
--- Esa droga que tomo…
--- Gamahidroxibutirato. Un líquido sin color ni sabor sintetizado a partir de una sustancia química con la que se limpian circuitos eléctricos. Se ha usado como   pre-anestésico y como estimulante hormonal para aumentar el volumen de los músculos, pero, ahora, es una sustancia prohibida. Algunos le dicen “éxtasis liquido”, aunque no tiene nada que ver con la droga llamada “éxtasis”. También le llaman Liquido X, Gama y Gama-O. Un poco de GHB produce borrachera. La persona se siente alegre, eufórica y sin inhibiciones. Por eso, es común el consumo de GHB en fiestas y antros. A los homosexuales les encanta, porque dicen que quienes lo toman se vuelven más sensuales. También lo usan las parejas para bailar y moverse con “soltura”. Quien toma GHB se olvida de sus preocupaciones. Al día siguiente no siente debilidad o resaca; por el contrario, muchos hablan de una sensación de frescura y hasta mayor energía. El peligro verdadero del GHB consiste en que nunca se sabe cuál es la dosis que se está tomando. En un frasco de los que se venden en la calle puede haber solo cuatro gramos, que ocasionan mareo, mientras en otro frasco, con la misma cantidad de líquido, podría haber hasta treinta gramos de droga, cantidad suficiente para ocasiona una sobredosis. El GHB tiene efectos impredecibles; varían entre las personas. Cuando se usan con alcohol, puede ser fatal… pero aun, por si sola, en dosis altas, ocasiona ansiedad, temblores, sudoración, dolor de cabeza, vómitos, espasmos, convulsiones, pérdida de consciencia, paro respiratorio y estado de coma por depresión del Sistema Nervioso Central. Eso es lo que le paso a Jennifer…
Mis padres tienen los ojos muy abiertos.
---¿Jennifer está en peligro de morir? --- pregunta mamá.
--- Si --- dice el médico.
--- Esto es imposible --- comenta mi prima ---. Ella no toma drogas.
--- Bueno --- aclara el doctor ---, por los efectos que produce el GHB, es común que los hombres la pongan en la bebida de las mujeres sin que se den cuenta. Cuando una chica sufre una sobredosis, el principal sospechoso es el muchacho que la invito a salir.
Siento un leve mareo. Mi tía Beky voltea a verme muy despacio.
--- ¡Yo ni siquiera sabía que existía eso, tía! --- me defiendo ---. ¡De verdad! Mis amigos vas de antro todo el tiempo. Yo a veces los acompaño y jamás ha pasado algo así. ¡Esto es absurdo!
El medico nota la angustia en mi rostro.
--- ¿Tú estabas con Jennifer en la fiesta?
--- Sí.
--- Pues temo decirte que la policía querrá hablar contigo…
En primera instancia supondrán que tú la drogaste. Tal vez te detengan.





Continuara...

jueves, 4 de septiembre de 2014

Lectura 2

Nota: fecha de   trabajo 8 al 12 de septiembre
Recuerda que debe de venir el comentario de tu Papá o Mamá incluyendo el tuyo y con firma.
(no se revisara si no viene así)
además de recuerda que en clase ya se te dijo el día en que se trabajara exclusivo con la misma.
Dudas: Vía whatssap o facebook 


ENEMIGO AL ACECHO

Consumir droga es como darle alojamiento a un asesino en nuestra casa. Aunque duerma, en la noche despertara…

Miro alrededor, sorprendido de encontrarme en ese improvisado juicio en el que todo apunta hacia mi culpabilidad.
---¿Cuántos años tienes, Felipe?
--- Dieciséis.
--- Todavía eres menor de edad, pero eso no te va a eximir de algunas sanciones penales.
Intento defenderme, dirigiéndome al ayudante del laboratorio.
--- Tú dijiste que eras mi amigo, Pascual ¿por qué me haces esto? Tarde o temprano va a saberse la verdad.
--- Yo no soy amigo de gente como tú, Felipe; encontraron las pastillas en tu casillero --- gira la cabeza y levanta las manos como para demostrar inocencia ---. A mí no me pueden hacer nada. Estoy limpio --- se dirige al policía ---. Felipe trajo esas cosas a la escuela. Me las ofreció. ¡Yo también caí en la trampa! Creí que eran medicinas legales. Eso me dijo.
--- ¡Está mintiendo! --- rebato.
--- Es tu palabra contra la mía.
Mi respiración se hace más agitada. Sé que cuando investiguen, quedara demostrada mi inocencia, pero mientras tanto, tal vez sea suspendido de la escuela y la policía me detenga. Necesito ayuda. Solo si consigo testigos…
--- ¡Jennifer! --- exclamo ---. Díganle que venga. Por favor.
--- ¿Quién? --- pregunta el director.
--- Jennifer González. Estudia en mi salón. Pascual la invito a salir varias veces. ¡Jennifer nos conoce muy bien a los dos!
Háblenle. Ella dirá la verdad.
El director mueve la cabeza de forma asertiva y le pide al coordinador que vaya por la chica. Después le pregunta a Pascual:
--- ¿Invitaste a salir a una alumna? ¡Sabes que eso está prohibido!
Pascual titubea y se contradice.
--- Ella es una amiga. No somos nada. Nunca salimos. Solo a veces.
Por primera vez parece que ha perdido la calma. Se agacha para pensar.
Jennifer llega con pasos tímidos, escoltada por el coordinador. Se asusta al ver tanta gente reunida en la oficina.
El director le pregunta:
--- ¿Pascual ha tratado de venderte pastillas como esta? --- le muestra la cajita.
Jennifer se queda quieta como el personaje de una película en pausa. Luego exhala.
--- No.
--- ¿Estas segura?
--- Me las regala.
--- ¿Cómo?
--- A todos se las vende, pero a mí no. Me las recomendó para que pueda bailar mejor. Pertenezco a un grupo de jazz. Ensayo por las tardes. El me lleva en su coche… Solo dos ocasiones tome sus pastillas. Esos días, pude bailar como nunca. Tuve mucha energía, pero después pase las noches enteras sin dormir. Jamás volví a tomarlas.
--- ¿Dijiste que Pascual las vende? ¿A quién?
Jennifer titubea, prefiere salirse por la tangente.
--- Eso se rumora… A mí no me consta.
--- ¿Pero las trae a la escuela?
Mueve la cabeza de forma negativa.
--- No lo sé.
--- Suponemos que los comprimidos son de Speed King --- declara el policía ---, y la caja, que contiene más de un kilogramo, fue encontrada en el casillero de Felipe. Tendremos que arrestarlo a él.
--- ¡Jennifer! --- le digo con voz suplicante ---, no te quedes callada. Pascual está diciendo que la droga es mía.
Mi compañera observa el cuadro con detalle. Es fácil adivinar el temor en su rostro. A pesar de ello, se controla.
---Está bien --- entrecierra los ojos ---. Voy a decir la verdad --- agacha la cara ---. Pascual toma esas pastillas y otras. Dice que “se activa” con ellas. Un dia se puso muy agresivo. Por eso ya no quise volver a salir con el. Trae las pastillas a la escuela y las guarda en el casillero de Felipe --- hay un breve silencio cargado de expectación ---. Yo lo he visto…
Lo que ella acaba de decir nos ha dejado mudos.
Se necesita mucho valor para hacer lo que hizo.
--- ¡Jennifer, maldita! --- expele Pascual por lo bajo ---. Te vas a arrepentir.
El jefe de la policía toma esas palabras como una confesión.
Se acerca a Pascual y lo esposa por las muñecas.
---Tienes derecho a permanecer en silencio y a llamar a un abogado.
Salen del despacho.
Cuando las autoridades se han ido con el acusado, ninguno atinamos a decir nada.
Al fin, el padre de Susana emite con voz amenazante:
--- Esto no se acaba aquí. ¡Ya detuvieron al vendedor de droga, pero la escuela también tiene culpabilidad! Voy a llevar a mi hija a revisión y hablare con los padres de sus amigas.
¡Usted, director, es responsable por todas las secuelas que tenga esas niñas! ¡Va a tener que indemnizarnos!
El rector ha perdido el color natural de sus mejillas.
--- Espere, señor --- dice la doctora de la Secretaria de Salud ---. Antes de que haga un escándalo, debe pensar bien las cosas. La droga esta por todos lados hoy en día. ¡No se imagina la cantidad de casos que veo a diario! Sin ir más lejos, ayer llego al Centro de ayuda una jovencita adicta a la Cocaína. Hace algunos meses salió con su novio, tomo mucho alcohol y se embriago. Entonces, el novio considero que no era prudente regresar a la joven a su casa en estado y decidió cortarle la borrachera con “una rayita” de Cocaína. Es el remedio más usual. La chica sintió una dosis de bienestar y autoestima fuera de lo común. A partir de ese día acepto la oferta de una amiga, a quien antes había rechazado, y comenzó a esnifar Cocaína. Todo le fue mejor por un tiempo. Elevo sus calificaciones, su aspecto físico, su estado emocional, su seguridad y fuerza de carácter. Se llenó de un poder artificial. Hoy, su adicción la ha llevado a realizar los actos más inmortales. Esta arruinada. La droga brinda muchos beneficios inmediatos, pero usarla es como darle alojamiento en nuestra casa a un asesino. Aunque duerma un rato, en la noche despertara para matarnos.
El padre de Susana mueve la cabeza sin comprender.
--- ¿De qué rayos habla?
--- ¡De que no le servirá de nada tratar de perjudicar al colegio de su hija! La droga seguirá danzando alrededor. Mejor adviértale. Enséñele. Dele armas. Aborde el tema con ella abiertamente. Yo he trabajado en varios lugares. He tenido compañeros, profesionistas, que tomas por las mañanas licuados de frutas con Peyote. También conozco señoras de sociedad aficionadas a la Marihuana, y esposos que la fuman en pareja. Hay artistas, políticos y profesionistas de todo tipo que usan drogas. Es de lo más común. Su hija seguirá acechada por ese peligro toda la vida y tarde o temprano caerá, si no tiene convicciones claras.
El hombre no parece persuadido. Se ve dispuesto a seguir rebatiendo. Aprovecho la leve pausa para preguntar:
--- ¿Nosotros, podemos irnos?
--- Si --- dice el rector ---. Gracias, Jennifer y Felipe; regresen a su salón.
Salimos de las oficinas con movimientos decididos.
Cuando vamos subiendo las escaleras, le digo a mi compañera:
--- Me salvaste.
Jennifer parece preocupada. Sonríe sin responder nada.
Llegamos al aula. Todos nuestros amigos quieren enterarse de lo que paso. Ella prefiere no dar explicaciones. Yo la apoyo. Ambos sentimos cierta complicidad por haber acusado a Pascual y tenemos miedo de una posible represalia.
Al salir de la escuela, ella me dice:
--- El próximo viernes, nuestros compañeros irán a bailar de antro. ¿Por qué no vamos, tú y yo, como pareja?
Carraspeo. Después de lo que ha pasado, la oferta suena un poco descabellada.
---Sería interesante…
Jennifer es la muchacha más hermosa de la preparatoria, y ahora está libre. Pascual se ha ido para siempre.
--- De acuerdo --- contesto ---. Yo me encargo de pedir permiso…
--- Gracias. Te espero.
Se acerca para darme un beso muy cerca del labio. Me quedo vibrando por la emoción y el asombro.

El viernes siguiente, Jordy, el Zorrillo, pasa por mí en el Beatle color blanco de su madre. Subo al asiento del copiloto y lo saludo con gran alegría. Me dice:
--- Vamos a la casa de Modesta y después a la de Jennifer.
--- ¡Modesta! --- contesto, asombrado ---. ¿La compañera nueva que hace honor a su nombre? ¿Ella será tu pareja, hoy?
---Sí.
No digo nada más, para evitar ofender a Jordy, pero yo no saldría con esa chica ni aunque me obligaran.
Pasamos por las dos. ¡Qué diferencia de mujeres! Modesta lleva un grotesco vestido de lentejuelas y se ha levantado el cabello como solo lo hubiera hecho mi abuelita. Es tímida y desangelada; en cambio Jennifer, alegre y hermosa, aunque viene vestida de forma sencilla, me dice, al subir al auto:
--- Traigo otra ropa en esta maleta; luego me cambio. Te coy a sorprender.
--- Que bien…--- sonrió.
De inmediato, percibo que Modesta siente envidia de Jennifer. Es lógico. Ambas, en el asiento trasero del coche tratan de platicar, pero no existe la menor química entre seres tan dispares.
Llegamos al antro. Caminamos rumbo a la puerta. El Zorrillo, quien ha comenzado a sudar y a oler mal, me dice en secreto:
--- ¿No tienes miedo?
--- ¿Por qué?
--- Supe que Pascual estuvo detenido dos días, pero salió libre bajo fianza hoy. Me dijeron que tal vez ande por aquí…
Trago saliva y mis músculos se tensan.
En ese instante Jennifer me abraza por la espalda. Toco su esbelta cintura y siento un escalofrío. Ella se acurruca en mí. La abrazo con más confianza. Es una sensación indescriptible. Mis sueños secretos se están haciendo realidad.

--- No, Jordy --- contesto, convencido ---, no tengo miedo.

lunes, 25 de agosto de 2014

Lectura 1

METANFETAMINAS
Conocida como Speed, la Droga que Acelera.
Produce energía artificial.
Quita el hambre y el sueño.

El ambiente escolar es relajado.
Acaban de pasar los exámenes semestrales, y a nadie le apetece echar a andar la pesada maquinaria de estudios otra vez. Los profesores se muestran perezosos u nosotros hacemos lo posible por causar demoras.
Le pedimos a la maestra de literatura el tiempo de su clase. Ella accede, y se pone a calificar los exámenes en el escritorio. Dentro de cuatro meses terminaremos nuestro primer año de bachillerato. Queremos organizar una kermés  para recaudar fondos y hacer una fiesta de clausura.
El líder del grupo llamado Jordy, a quien apodamos “el Zorrillo” porque además de no usar desodorante, transpira de forma copiosa, se para al frente. Apenas está comenzando a recibir propuestas cuando escuchamos que alguien llama a la puerta. Todos giramos la cabeza. Es el coordinador escolar, acompañado de la policía.
-        Con permiso, profesora. Necesito llevarme a Felipe Meneses.
-        Adelante – Contesta la maestra poniéndose de pie -. ¿Felipe?
-        Tardo unos segundo en asimilar que es a mí a quién buscan. Alguien me da un codazo.
-        Dejo el pupitre y salgo del salón.
-        ¿Puedes abrirnos tu casillero? – me pregunta el coordinador en cuanto estoy afuera.
-        Sí. Por supuesto. ¿Qué buscan?
-        Ya veremos. Muéstranos lo que guardas adentro.
Caminamos hasta los anaqueles. Muevo la perilla del candado. Fallo varias veces en poner la clave.
-        ¿Por qué tiemblas, Felipe?
-        No… no sé.
Al fin logro abrir. El policía se adelanta y comienza a sacar las cosas. Un suéter, libros, varias plumas.
-        Aquí está – al fondo hay una cajita de metal cerrada -.
¿Qué es esto?
Responde de inmediato:
-        Son sustancias químicas de Pascual. Él las guarda en mi casillero.
-        Note creo.
-        ¿Por qué habría de mentir? Pascual me dijo que no quería dejar esto en el laboratorio. Yo le presto espacio en mi locker.
El policía se pone en cuclillas. Desenfunda una navaja con herramientas plegadizas  y se inclina para forzar la chapa de la cajita. Observamos la maniobra. Estoy comenzando a ponerme nervioso. Al fin, destraba el seguro y abre la tapa.
En el interior hay varias bolsas de plástico envueltas en papel periódico. Descubre los paquetes muy despacio.
-        Mira esto. Parecen “tachas”
El coordinador me sujeta del brazo.
-        No entiendo.
-        Felipe, di la verdad. ¿De dónde sacaste estas pastillas?
-        ¡Ya se los dije! Jamás las había visto. Son de pascual
-        Vamos a las oficinas
-        Suélteme, por favor – exijo -, no voy a escapar.
Camino con la cara en alto, aparentando seguridad que  no tengo. En mi mente se agolpan varias ideas incognoscibles.
¿Pascual consume drogas? ¡No puede ser! Él es un empleado de la escuela. Ayuda a los profesores de química. Limpia el instrumental de laboratorio, lleva el inventario de las sustancias que se usan, y custodia las calificaciones. Por eso algunos estudiantes tratamos de congeniar con él. Se rumora que Pascual hace favores. Modifica los puntos en las listas de participación y ayuda a que sus amigos obtengan mejores notas. Hasta el momento, a mí no me ha hecho ningún favor, pero mantengo abierta la puerta por si se ofrece.
Llegamos a las oficinas administrativas. Hay policías en la entrada. Caminamos hasta la dirección.
Las personas en el interior tienen la cara fruncida. De inmediato percibo un ambiente tenso.
Todas las sillas están ocupadas: hay cuatro adultos, Pascual y una niña de primero.
-        Aquí esta – dice el coordinador empujándome ligeramente por la espalda, como quien entrega a un criminal -.
Felipe tenía la droga en su casillero.
-        ¡Hey! – me defiendo de inmediato -. ¡Un momento! Esas pastillas no son mías. ¡Ya se lo expliqué! – señalo a Pascual -, ¡la caja es de él! La guarda en mi locker. Yo se lo permito porque me lo pidió como un favor. Incluso le di la combinación de mi candado.
Pascual levanta una ceja como desafiándome y dice:
-        No es cierto.
Lo veo y me parece difícil creer. ¿Por qué lo niega?
Pascual siempre me ha parecido un joven decente. Truncó sus estudios de medicina y está esperando el inicio de un nuevo ciclo escolar para volver a empezar otra carrera. Todavía no sabe cuál. Según nos ha dicho, trabaja en esa escuela como ayudante de laboratorio porque no tiene nada mejor que hacer mientras llega el periodo de inscripciones en la Universidad.
-        A ver esa caja – el rector la toma; después de ojearla se la pasa a una mujer gorda, con bata blanca de la Secretaria de Salud-. ¿Qué contiene?
Ella se agacha. Después de un rato, dictamina:
-        Droga sintética.
-        ¿Éxtasis?
-        Quizá
Uno de los hombres comenta:
-        Cuando encontré estas pastillas en la mochila de mi hija, ella me comentó que eran Speed. ¿Verdad, Susana?
La niña de primero parece muy abochornada; habla con voz aguda y casi inaudible:
-        Sí. Pascual me las vendió. Les llama Speed King. Yo las probé  por que unas amigas me animaron. Dicen que se sienten “prendidas” cuando las toman.
La mujer de bata blanca, coincide:
-        Efectivamente. Podría tratarse de esa droga.
-        ¿Cuál? Pregunta el coordinador.
-        Speed, Speed King, Arranque, Hielo, Chalk, Meth, Meta, Tiza o Vidrio; son los nombres que se le dan a las metanfetaminas. Algunos las usan de forma ilegal para adelgazar o mantenerse despiertos toda la noche. Aunque elevan los niveles de atención, también provoca ataques de pánico, ansiedad y nerviosismo. Son peligrosas.
-        ¿Qué tan peligrosas? – pregunta el papá de Susana-.
¡Mi Hija estuvo tomándolas! Necesito saber más.
La doctora asiente y explica:
-        Las anfetaminas y metanfetaminas tuvieron aplicaciones médicas hace años. Hoy son recetadas ante enfermedades muy específicas y bajo estricto control médico. Los kamikazes japoneses las usaban en la guerra para darse el valor. Se consiguen en comprimidos o en polvo que se inyecta, fuma o toma. La droga roba al cuerpo la energía que tiene en reserva, acelera las funciones produciendo sensación de fuerza y autoestima; genera ideas rápidas y facilidad de palabra; quita el hambre y el sueño, somete a un sobreesfuerzo al corazón, y cuando su efecto pasa, el organismo, que ha sido exprimido de forma abusiva, cae en un agotamiento extremo; la persona se siente triste, desconfiada y deseosa de tomar más droga. En muchos aspectos, incluyendo la adicción psicológica que produce, la Metanfetamina se parece a la cocaína, solo que es más barata. Estas grageas –toma una y revisa-, proviene de laboratorios clandestinos. Podrían contener clorhidrato de metanfetamina o metil-anfetamina.
No podremos saberlo hasta realizar pruebas de laboratorio.
Tienen un efecto neurotóxico que daña células cerebrales.
A la larga ocasionan síntomas parecidos a la enfermedad del Parkinson.
El padre de Susana parece irritado. Grita:
-        ¿Cómo pudiste darle esto a mi hija, maldito?
Pascual no le contesta.
-        Cálmese – sugiere el director.
-        ¡No se atreva a decirme que me calme! ¡Uno de sus empleados vendió droga a los alumnos! ¿se da cuenta del problema en que está metido? ¡si Usted no me apoya, voy a hacer un escándalo y clausurarán su escuela!
-        Entiendo – Dice el directo carraspeando -, nosotros estamos tan indignados como usted.
Hay un momento  de silencio. El padre de Susana respira y vuelve  a preguntar a la doctora:
-        A mi hija le ofrecieron estas cosas como medicamentos ¡eso parecen! Antes, a todas las medicinas les llamaban “drogas”. ¿cuál es la diferencia entre unas y otras, ahora?
La voluminosa mujer con bata blanca se cruza de pernas con dificultad y contesta:
-        En el contexto moderno, las drogas son sustancias que actúan sobre el sistema nervioso central alterando las sensaciones y modificando el comportamiento de la persona. Así, para que algo se considere “droga” debe de afectar la química del cerebro, deprimiéndolo, estimulándolo o confundiéndolo, además de producir distintos grados de tolerancia y adicción – todos observamos a la señora; como a nadie se  atreve a decir nada, ella sigue explicando -.  La tolerancia es cuando el cuerpo se adapta a la sustancia y cada vez necesita más cantidad para sentir los efectos de antes. La adicción o dependencia  es una necesidad imperiosa de consumir droga. Puede ser solo psicológica, al momento en que la persona cree que no es capaz de vivir sin ella, pero también es física; cuando el organismo la necesita para funcionar bien. Si un adicto se propone abandonar su vicio sufre enfermedad física y mental. Ve alucinaciones, tiene dolores insoportables y se sienten a punto de morir.
El padre se Susana se limpia el sudor de la frente. Luego pregunta con legítima preocupación.
A ver. Mi hija estuvo tomando esta porquería – señala -. ¿Significa que se ha vuelto adicta?
-        Espero que no, señor – contesta la doctora - , solo algunas drogas como la Heroína o el Crack crean adicción casi de inmediato. Por lo regular las otras, necesitan consumirse con regularidad para llegar a eso. Su hija necesita ser evaluada, después de que sepamos con exactitud que tomo. Quizá requiera una leve terapia.
-        ¡No solo mi hija deberá ser evaluada! – explota el hombre dando un fuerte manotazo sobre el escritorio-. ¡también, todos los demás alumnos que le compraron pastillas a este imbécil.
Tiene razón. El director avanza hasta Pascual y le pregunta:
-        ¿Cuánta droga vendiste y a quién?
EL ayudante del laboratorio levanta la cara y me acusa con total desparpajo:
-        Las pastillas Speed no son mías. Son de Felipe.

Todos voltean a verme.


Fecha de aplicación semana del 1 al 5 de Septiembre
recuerda que se realizara una Actividad con cada maestro, pero antes de eso leer con tu mamá o papá; ambos hacer un comentario en la parte trasera de la hoja.




sábado, 23 de agosto de 2014

AVISO

HOLA MUY BIEN DÍA


AVISO:

POR MEDIO DEL PRESENTE SE LES INFORMA QUE POR SITUACIONES
AJENAS A LA ESCUELA, NO HA SIDO POSIBLE EL
PUBLICAR LA LECTURA, DEJANDO
ESTA PARA LA PRÓXIMA SEMANA


GRACIAS

viernes, 20 de junio de 2014

Lectura 25

¿MALINCHE TRAIDORA O HEROÍNA?




NUNCA NOMBRE DE MUJER HA SIDO TAN VAPULEADO, VILIPENDIADO Y FALSA MENTE ACUSADO,
      Recientemente paso el Día Internacional de la Mujer, que siempre e pensado es un día comercialista mas como todos los que se han inventado por el consumismo capitalista, soy un convencido y es mi personal opinión, que a la Mujer se le festeja a diario, después de todo, hasta el ser humano más ruin, nació de mujer, aunque algunos políticos y poderosos no lo parezcan, y reconozcan es aún más difícil en un país eminentemente misógino y machista
       La incorporación de las Mujeres en México a posiciones de poder ha sido particularmente lenta y escasa en comparación con el resto de América Latina y el mundo. Tras la obtención del voto (en 1953) lograron apenas un 2,5% de presencia en la Cámara de Diputados y cuarenta años después ocupaban sólo el 9,2% de los escaños. Recién en 1981 una mujer llego a ministra y sólo tres mujeres lo han logrado hasta hoy.
En 1992 ejercían apenas el 2,8% de las presidencias municipales. Mucho se a avanzado hasta hoy, pero aun y pese a sus continuos esfuerzos son minoría, por lo mismo al ponerme a leer sobre mujeres ilustres en la historia, (que son menos de las que se reconocen), encontré un trabajo sobre la MALINCHE, del Profesor  Matuz, que me recordó lo injusta que a sido la historia en general para con las mujeres de poder en su época, y con esta excepcional, mujer  para mi Heroína, sin lugar a dudas, y para que usted amable lectora, lector, se forme su propia opinión, aquí el relato, histórico no el Novelado que la mayoría conocen.
MALINCHISTA
          Frecuentemente escuchamos el término “malinchista”, atribuido a aquel que tiende a valorar más lo extranjero que lo nacional. Proviene, desde luego, del nombre de Malinche, aquella mujer que junto con otras más les fueron entregadas a Cortés en su paso por tierras de Veracruz y Tabasco, mismo trato que hoy seria claramente acotado, de "Trata de Personas", ya que como eran usos y costumbres, les fueron, entregadas e intercambiadas en varias ocasiones como más adelante se describe el trato dado a las Mujeres como intercambio de tributo , el termino Malinchista, como sinónimo de “traidora” o “traidor” es parte del lenguaje "coloquial" al considerarse que la Malinche traicionó a los suyos y apoyó a los españoles en la conquista de México.
          Pero ¿quién era la Malinche? ( Malinalli Tenépatl ) Los primeros datos acerca de ella nos los proporciona Bernal Díaz del Castillo, quien señala que doña Marina "nombre que le dieron los españoles cuando la bautizaron", era hija de gran  señor  de pueblos y vasallos, hija de los caciques de Painala, cerca de Coatzacoalcos. Muerto su padre, su madre "Cimatl", “cacica” de Xaltipa, se casó nuevamente y tuvo un hijo a quien querían entregar el cacicazgo, por lo que (vendieron) a Malinche a unos indigenas de Xicalango, quienes a su vez la entregaron, cedida como esclava al cacique maya de Tabasco después de una guerra entre los mayas de Potonchán y los Mexicas de la zona de Xicalango. Malintzin fue parte del tributo cedido al cacique de Tabasco al resultar este ganador, pues esa era la tradición entonces. Fue entregada siendo todavía muy niña como sirvienta y esclava, por lo que hablaba con fluidez su lengua materna, el náhuatl, y la lengua de sus nuevos amos, la maya., al llegar los Españoles, y  a modo también de Tributo es cedida de nuevo como sirvienta y escalaba a Cortez.
          Lo que debe quedar claro para nuestro propósito histórico es que (Malintzin) no era de origen Mexica  es decir, que no estaba traicionando a su pueblo, sino todo lo contrarios, ella pertenecía a otro Pueblo “Painala” que estaba bajo la amenaza que representaba  los Mexicas de Tenochtitlan y su acción expansionista que sometía pueblos enteros y trataba como vasallos e inferiores y a los cuales les imponían altísimos tributos.


          A la llegada de los españoles, los Mexicas (aztecas) mantenían relaciones de tensión con los pueblos sometidos por el inconformismo generalizado de los altísimos tributos que los Mexicas exigían en pago. Esta situación fue aprovechada por los recién llegados españoles en 1519, que rápidamente establecieron alianzas con los zempoaltecas y los tlaxcaltecas.
           Las circunstancias  colocaron a la Malinche en la situación de poder ayudar a su pueblo ante la amenaza que representaba el Imperio Mexica, al igual que lo hicieron los pueblos de la costa y la sierra, cuando informan a Cortés que estaban sujetos al señor Moctezuma Emperador Mexica de la Gran Tenochtitlan ,  el capitán español  viendo una oportunidad para sumar guerreros ante su Inminente acometida promete ayudarlos lo que decide a Cortés a emprender la conquista de Tenochtitlan, al percatarse que estaba entre indígenas que lo apoyaban, campaña al la que más tarde otros pueblos se unirían y lograr la tan anhelada conquista del Imperio Mexica
           Cortez  a pesar de su poderío militar, comprendió que sin la ayuda de los sublevados pueblos indígenas no lograría vencer al Imperio Azteca, (ejemplo la derrota de la noche triste) por lo que las acciones de la Malinche cobran gran importancia para triangular la comunicación entre las diferentes lenguas, trascendental papel histórico de la Malinche, ya que ella Marina por su nombre castizo, hablaba varias lenguas indígenas, entre ellas el náhuatl y maya por que había sido vendida a estos mismos, por lo que dominaba estas principales lenguas de la zona. Esto fue de invaluable ayuda para Cortés, pues la manera en que se entendía con los Mexicas, que hablaban el náhuatl,  era de la siguiente manera: Moctezuma se dirigía a Cortés en náhuatl;  la Malinche lo traducía al maya a Jerónimo de Aguilar, un náufrago que había llegado a las costas de la península de Yucatán junto con Gonzalo Guerrero y conocían la lengua maya y estos lo traducía al castellano a Cortés. Con esta triangulación de lenguas se entendían aunque en alguna ocasión trajo la incomprensión de uno u otro lado como el lector podrá suponer, sin embargo logro el acercamiento con los pueblos de las diferentes regiones unificando a todos para marchar junto a Cortez y derrotar al entonces Infame Imperio Mexica, que tanto tributo les había arrebatado
         Más allá de su servicio como intérprete, Malintzin  trascendió al solo hecho de ser la traductora, ya que asesoró a los españoles sobre las costumbres sociales y militares de los nativos, y realizó también tareas de lo que hoy llamaríamos "inteligencia" y "diplomacia", jugando un papel primordial durante la primera parte de la conquista. Tuvo un hijo de Cortés, Martín, su primogénito pero ilegítimo; luego daría Cortés el mismo nombre de Martín a su primer hijo legítimo, que tuvo con Juana de Zúñiga. Cortés posteriormente en Orizaba casó a Marina (Malintzin) con un español, el hidalgo Juan Jaramillo, de quien se sabe que tuvo otra hija, María Jaramillo. Hay constancia de que Marina (Malintzin) había muerto ya en 1529, por documentos de las gestiones de su viudo para volverse a casar. Al parecer Marina falleció enferma de viruela por una epidemia que hubo en 1528 o 1529.  Marina tuvo un papel relevante en la conquista de México. Bernal Díaz del Castillo, en su Historia verdadera..., encomia repetidamente y habla de su compromiso para los conquistadores y su valor en la batalla.  Referencia que pocos conocen de la Malinche Guerrera, Recuerda también la alegría de los españoles cuando supieron que Marina había sobrevivido a la dolorosa  derrota inicial conocida hoy como la Noche Triste.
          Mujer adelantada a su época y tiempo, que vislumbro una oportunidad para liberar a su pueblo del yugo, de los Mexicas, Mariana, (Malitzin) quedo deslumbrada por el recién descubierto "señorío español"_habría que transportarse  imaginariamente en tiempo y forma en aquella terrible época_ para entender a cabalidad y con justicia, las valientes y  decididas acciones de esta extraordinaria Mujer, tan injustamente "vilipendiada"  y falsamente acusada de "traidora"  que es reconocida de manera muy escueta, (como de costumbre),  por la innegable importancia y relevancia de esta excepcional y valiente Mujer orgullosamente Mexicana que fue sin lugar a dudas pieza clave y fundamental en la conquista española, que significo para ella , “solo la liberación de su pueblo” ante el constante abuso del Imperio Mexica.

El resultado es de todos sabido y aun que polémico, dará más adelante para otro comentario

jueves, 12 de junio de 2014

Lectura 24

Graffiti
 

Antoni TÁpies


     Tantas cosas que empiezan y acaso acaban como un juego, supongo que te hizo gracia encontrar un dibujo al lado del tuyo, lo atribuiste a una casualidad o a un capricho y sólo la segunda vez te diste cuenta que era intencionado y entonces lo miraste despacio, incluso volviste más tarde para mirarlo de nuevo, tomando las precauciones de siempre: la calle en su momento más solitario, acercarse con indiferencia y nunca mirar los grafitti de frente sino desde la otra acera o en diagonal, fingiendo interés por la vidriera de al lado, yéndote en seguida.


     Tu propio juego había empezado por aburrimiento, no era en verdad una protesta contra el estado de cosas en la ciudad, el toque de queda, la prohibición amenazante de pegar carteles o escribir en los muros. Simplemente te divertía hacer dibujos con tizas de colores (no te gustaba el término grafitti, tan de crítico de arte) y de cuando en cuando venir a verlos y hasta con un poco de suerte asistir a la llegada del camión municipal y a los insultos inútiles de los empleados mientras borraban los dibujos. Poco les importaba que no fueran dibujos políticos, la prohibición abarcaba cualquier cosa, y si algún niño se hubiera atrevido a dibujar una casa o un perro, lo mismo lo hubieran borrado entre palabrotas y amenazas. En la ciudad ya no se sabía demasiado de que lado estaba verdaderamente el miedo; quizás por eso te divertía dominar el tuyo y cada tanto elegir el lugar y la hora propicios para hacer un dibujo.


     Nunca habías corrido peligro porque sabías elegir bien, y en el tiempo que transcurría hasta que llegaban los camiones de limpieza se abría para vos algo como un espacio más limpio donde casi cabía la esperanza. Mirando desde lejos tu dibujo podías ver a la gente que le echaba una ojeada al pasar, nadie se detenía por supuesto pero nadie dejaba de mirar el dibujo, a veces una rápida composición abstracta en dos colores, un perfil de pájaro o dos figuras enlazadas. Una sola vez escribiste una frase, con tiza negra: A mí también me duele. No duró dos horas, y esta vez la policía en persona la hizo desaparecer. Después solamente seguiste haciendo dibujos.


     Cuando el otro apareció al lado del tuyo casi tuviste miedo, de golpe el peligro se volvía doble, alguien se animaba como vos a divertirse al borde de la cárcel o algo peor, y ese alguien como si fuera poco era una mujer. Vos mismo no podías probártelo, había algo diferente y mejor que las pruebas más rotundas: un trazo, una predilección por las tizas cálidas, un aura. A lo mejor como andabas solo te imaginaste por compensación; la admiraste, tuviste miedo por ella, esperaste que fuera la única vez, casi te delataste cuando ella volvió a dibujar al lado de otro dibujo tuyo, unas ganas de reír, de quedarte ahí delante como si los policías fueran ciegos o idiotas.


     Empezó un tiempo diferente, más sigiloso, más bello y amenazante a la vez. Descuidando tu empleo salías en cualquier momento con la esperanza de sorprenderla, elegiste para tus dibujos esas calles que podías recorrer de un solo rápido itinerario; volviste al alba, al anochecer, a las tres de la mañana. Fue un tiempo de contradicción insoportable, la decepción de encontrar un nuevo dibujo de ella junto a alguno de los tuyos y la calle vacía, y la de no encontrar nada y sentir la calle aún más vacía. Una noche viste su primer dibujo solo; lo había hecho con tizas rojas y azules en una puerta de garage, aprovechando la textura de las maderas carcomidas y las cabezas de los clavos. Era más que nunca ella, el trazo, los colores, pero además sentiste que ese dibujo valía como un pedido o una interrogación, una manera de llamarte. Volviste al alba, después que las patrullas relegaron en su sordo drenaje, y en el resto de la puerta dibujaste un rápido paisaje con velas y tajamares; de no mirarlo bien se hubiera dicho un juego de líneas al azar, pero ella sabría mirarlo. Esa noche escapaste por poco de una pareja de policías, en tu departamento bebiste ginebra tras ginebra y le hablaste, le dijiste todo lo que te venía a la boca como otro dibujo sonoro, otro puerto con velas, la imaginaste morena y silenciosa, le elegiste labios y senos, la quisiste un poco.


     Casi en seguida se te ocurrió que ella buscaría una respuesta, que volvería a su dibujo como vos volvías ahora a los tuyos, y aunque el peligro era cada vez mayor después de los atentados en el mercado te atreviste a acercarte al garage, a rondar la manzana, a tomar interminables cervezas en el café de la esquina. Era absurdo porque ella no se detendría después de ver tu dibujo, cualquiera de las muchas mujeres que iban y venían podía ser ella. Al amanecer del segundo día elegiste un paredón gris y dibujaste un triángulo blanco rodeado de manchas como hojas de roble; desde el mismo café de la esquina podías ver el paredón (ya habían limpiado la puerta del garage y una patrulla volvía y volvía rabiosa), al anochecer te alejaste un poco pero eligiendo diferentes puntos de mira, desplazándote de un sitio a otro, comprando mínimas cosas en las tiendas para no llamar demasiado la atención. Ya era noche cerrada cuando oíste la sirena y los proyectores te barrieron los ojos. Había un confuso amontonamiento junto al paredón, corriste contra toda sensatez y sólo te ayudó el azar de un auto dando vuelta a la esquina y frenando al ver el carro celular, su bulto te protegió y viste la lucha, un pelo negro tironeado por manos enguantadas, los puntapiés y los alaridos, la visión entrecortada de unos pantalones azules antes de que la tiraran en el carro y se la llevaran.


     Mucho después (era horrible temblar así, era horrible pensar que eso pasaba por culpa de tu dibujo en el paredón gris) te mezclaste con otras gentes y alcanzaste a ver un esbozo en azul, los trazos de ese naranja que era como su nombre o su boca, ella así en ese dibujo truncado que los policías habían borroneado antes de llevársela; quedaba lo bastante como para comprender que había querido responder a tu triángulo con otra figura, un círculo o acaso un espiral, una forma llena y hermosa, algo como un sí o un siempre o un ahora.


     Lo sabías muy bien, te sobraría tiempo para imaginar los detalles de lo que estaría sucediendo en el cuartel central; en la ciudad todo eso rezumaba poco a poco, la gente estaba al tanto del destino de los prisioneros, y si a veces volvían a ver a uno que otro, hubieran preferido no verlos y que al igual que la mayoría se perdieran en ese silencio que nadie se atrevía a quebrar. Lo sabías de sobra, esa noche la ginebra no te ayudaría más a morderte las manos, a pisotear tizas de colores antes de perderte en la borrachera y en el llanto.


     Sí, pero los días pasaban y ya no sabías vivir de otra manera. Volviste a abandonar tu trabajo para dar vueltas por las calles, mirar fugitivamente las paredes y las puertas donde ella y vos habían dibujado. Todo limpio, todo claro; nada, ni siquiera una flor dibujada por la inocencia de un colegial que roba una tiza en la clase y no resiste el placer de usarla. Tampoco vos pudiste resistir, y un mes después te levantaste al amanecer y volviste a la calle del garage. No había patrullas, las paredes estaban perfectamente limpias; un gato te miró cauteloso desde un portal cuando sacaste las tizas y en el mismo lugar, allí donde ella había dejado su dibujo, llenaste las maderas con un grito verde, una roja llamarada de reconocimiento y de amor, envolviste tu dibujo con un óvalo que era también tu boca y la suya y la esperanza. Los pasos en la esquina te lanzaron a una carrera afelpada, al refugio de una pila de cajones vacíos; un borracho vacilante se acercó canturreando, quiso patear al gato y cayó boca abajo a los pies del dibujo. Te fuiste lentamente, ya seguro, y con el primer sol dormiste como no habías dormido en mucho tiempo.



     Esa misma mañana miraste desde lejos: no lo habían borrado todavía. Volviste al mediodía: casi inconcebiblemente seguía ahí. La agitación en los suburbios (habías escuchado los noticiosos) alejaban a la patrulla de su rutina; al anochecer volviste a verlo como tanta gente lo había visto a lo largo del día. Esperaste hasta las tres de la mañana para regresar, la calle estaba vacía y negra. Desde lejos descubriste otro dibujo, sólo vos podrías haberlo distinguido tan pequeño en lo alto y a la izquierda del tuyo. Te acercaste con algo que era sed y horror al mismo tiempo, viste el óvalo naranja y las manchas violetas de donde parecía saltar una cara tumefacta, un ojo colgando, una boca aplastada a puñetazos. Ya sé, ya sé ¿pero qué otra cosa hubiera podido dibujarte? ¿Qué mensaje hubiera tenido sentido ahora? De alguna manera tenía que decirte adiós y a la vez pedirte que siguieras. Algo tenía que dejarte antes de volverme a mi refugio donde ya no había ningún espejo, solamente un hueco para esconderme hasta el fin en la más completa oscuridad, recordando tantas cosas y a veces, así como había imaginado tu vida, imaginando que hacías otros dibujos, que salías por la noche para hacer otros dibujos.