miércoles, 12 de febrero de 2014

Lectura 16



DIARIO DE ANA FRANK



2 de junio de 1942

Espero poder confiártelo todo como aún no lo he podido hacer con nadie, y espero que seas para mí un gran apoyo.

28 de setiembre de 1942

Hasta  ahora  has  sido  para  mí  un  gran  apoyo,  y  también  Kitty,  a  quien  escribo regularmente.  Esta  manera  de  escribir  en  mi  diario  me  agrada  mucho  más  y  ahora  me cuesta esperar cada vez a que llegue el momento para sentarme a escribir en ti.
¡Estoy tan contenta de haberte traído conmigo!


Domingo, 14 de junio de 1942

Lo mejor será que empiece desde el momento en que te recibí, o sea, cuando te vi en la mesa de los regalos de cumpleaños (porque también presencié el momento de la compra, pero eso no cuenta).
El viernes 12 de junio, a las seis de la mañana ya me había despertado, lo que se entiende, ya que era mi cumpleaños. Pero a las seis todavía no me dejan levantarme, de modo que tuve que contener mi curiosidad hasta las siete menos cuarto. Entonces ya no pude más:
me  levanté  y  me  fui  al  comedor,  donde  Moortje 1 ,  el  gato,  me  recibió  haciéndome carantoñas.
Poco después de las siete fui a saludar a papá y mamá y luego al salón, a desenvolver los regalos, lo primero que vi fuiste tú, y quizá hayas sido uno de mis regalos más bonitos.
Luego un ramo de rosas y dos ramas de peonías. Papá y mamá me regalaron una blusa azul, un juego de mesa, una botella de zumo de uva que a mi entender sabe un poco a vino  (¿acaso  el  vino  no  se  hace  con  uvas?),  un  rompecabezas,  un  tarro  de  crema,  un billete  de  2,50  florines  y  un  vale  para  comprarme  dos  libros.  Luego  me  regalaron  otro libro,  La  cámara  oscura,  de  Hildebrand  (pero  como  Margot  ya  lo  tiene  he  ido  a cambiarlo), una bandeja de galletas caseras (hechas por mí misma, porque últimamente se me  da  muy  bien  eso  de  hacer  galletas),  muchos  dulces  y  una  tarta  de  fresas  hecha  por mamá.  También  una  carta  de  la  abuela,  que  ha  llegado  justo  a  tiempo;  pero  eso, naturalmente, ha sido casualidad.
Entonces  pasó  a  buscarme  Hanneli  y  nos  fuimos  al  colegio.  En  el  recreo  convidé  a galletas a los profesores y a los alumnos, y luego tuvimos que volver a clase. Llegué a casa a las cinco, pues había ido a gimnasia (aunque no me dejan participar porque se me dislocan  fácilmente  los  brazos  y  las  piernas)  y  como  juego  de  cumpleaños  elegí  el voleibol  para  que  jugaran  mis  compañeras.  Al  llegar  a  casa  ya  me  estaba  esperando Sanne  Lederman.  A  Ilse  Wagner,  Hanneli  Goslar  y  Jacqueline  van  Maarsen  las  traje conmigo  de  la  clase  de  gimnasia,  porque  son  compañeras  mías  del  colegio.  Hanneli  y Sanne  eran  antes  mis  mejores  amigas,  y  cuando  nos  veían  juntas,  siempre  nos  decían:
«Ahí van Anne, Hanne y Sanne.» A Jacqueline van Maarsen la conocí hace poco en el  liceo judío y es ahora mi mejor amiga. use es la mejor amiga de Hanneli, y Sanne va a otro colegio, donde tiene sus amigas.
El  club  me  ha  regalado  un  libro  precioso,  Sagas  y  leyendas  neerlandesas,  pero  por equivocación me han regalado el segundo tomo, y por eso he cambiado otros dos libros por el primer tomo. La tía Helene me ha traído otro rompecabezas, la tía Stephanie un broche muy mono y la tía Leny un libro muy divertido, Las vacaciones de Daisy en la montaña. Esta mañana, cuando me estaba bañando, pensé en lo bonito que sería tener un perro  como  Rin-tintín.  Yo  también  lo  llamaría  Rin-tin-tín,  y  en  el  colegio  siempre  lo dejaría con el conserje, o cuando hiciera buen tiempo, en el garaje para las bicicletas.

Lunes, 15 de junio de 1942

El  domingo  por  la  tarde  festejamos  mi  cumpleaños.  Rin-tin-tín  gustó  mucho  a  mis compañeros. Me regalaron dos broches, una señal para libros y dos libros. Ahora quisiera contar algunas cosas sobre las clases y el colegio, comenzando por los alumnos. Betty Bloemendaal tiene aspecto de pobretona, y creo que de veras lo es, vive en la Jan Klasenstraat, una calle al oeste de la ciudad, que ninguno de nosotros sabe dónde queda. En  el  colegio  es  muy  buena  alumna,  pero  sólo  porque  es  muy  aplicada,  pues  su inteligencia va dejando que desear. Es una chica bastante tranquila. A  Jacqueline  van  Maarsen  la  consideran  mi  mejor  amiga,  pero  nunca  he  tenido  una verdadera  amiga.  Al  principio  pensé  que  Jacque  lo  sería,  pero  me  ha  decepcionado bastante.
D.  Q. 2   es  una  chica  muy  nerviosa  que  siempre  se  olvida  de  las  cosas  y  a  la  que  en  el colegio dan un castigo tras otro. Es muy buena chica, sobre todo con G. Z. E.  S.  es  una  chica  que  habla  tanto  que  termina  por  cansarte.  Cuando  te  pregunta  algo, siempre se pone a tocarte el pelo o los botones. Dicen que no le caigo nada bien, pero mucho no me importa, ya que ella a mí tampoco me parece demasiado simpática.
Henny  Mets  es  una  chica  alegre  y  divertida,  pero  habla  muy  alto  y  cuando  juega  en  la calle  se  nota  que  todavía  es  una  niña.  Es  una  lástima  que  tenga  una  amiga,  llamada Beppy, que influye negativamente en ella, ya que ésta es una marrana y una grosera. J.   R.,   a   quien   podríamos   dedicar   capítulos   enteros,   es   una   chica   presumida, cuchicheadora, desagradable, que le gusta hacerse la mayor; siempre anda con tapujos y es una hipócrita. Se ha ganado a Jacqueline, lo que es una lástima. Llora por cualquier cosa, es quisquillosa y sobre todo muy melindrosa. Siempre quiere que le den la razón. Es muy rica y tiene el armario lleno de vestidos preciosos, pero que la hacen muy mayor. La onta se cree que es muy guapa, pero es todo lo contrario. Ella y yo no nos soportamos para nada.
Ilse Wagner es una niña alegre y divertida, pero es una quisquilla y por eso a veces un poco latosa use me aprecia mucho. Es muy guapa, pero holgazana.
Hanneli Goslar o Lies, como la llamamos en el colegio, es una chica un poco curiosa. Por lo general es tímida, pero en su casa es de lo más fresca. Todo lo que le cuentas se lo cuenta a su madre. Pero tiene opiniones muy definidas y sobre todo últimamente le tengo mucho aprecio.
Nannie van Praag-Sigaar es una niña graciosa, bajita e inteligente. Me cae simpática. Es bastante guapa. No hay mucho que comentar sobre ella.
Eefje de Jong es muy maja. Sólo tiene doce años, pero ya es toda una damisela. Me trata siempre como a un bebé. También es muy servicial, y por eso me cae muy bien.
G. Z. es la más guapa del curso. Tiene una cara preciosa, pero para las cosas del colegio es bastante cortita. Creo que tendrá que repetir curso, pero eso, naturalmente, nunca se lo he dicho.
Para gran sorpresa mía, G. Z. no ha tenido que repetir curso. 
Y la última de las doce chicas de la clase soy yo, que soy compañera de pupitre de G. Z.
Sobre los chicos hay mucho, aunque a la vez poco que contar. Maurice Coster es uno de mis muchos admiradores, pero es un chico bastante pesado.
Sallie  Springer  es  un  chico  terriblemente  grosero  y  corre  el  rumor de que ha copulado.
Sin embargo me cae simpático, porque es muy divertido. Emiel Bonewit es el admirador de G. Z., pero ella a él no le hace demasiado caso. Es un chico bastante aburrido. Rob  Cohen  también  ha  estado  enamorado  de  mí,  pero  ahora  ya  no  lo  soporto.  Es hipócrita, mentiroso, llorón, latoso, está loco y se da unos humos tremendos. Max van der Velde es hijo de unos granjeros de Medemblik, pero es un buen tipo, como diría Margot.
Herman Koopman también es un grosero, igual que Jopie de Beer, que es un donjuán y un mujeriego.
Leo Blom es el amigo del alma de Jopie de Beer pero se le contagia su grosería.
Albert de Mesquita es un chico que ha venido del colegio Montessori y que se ha saltado un curso. Es muy inteligente. 
Leo Slager ha venido del mismo colegio pero no es tan inteligente.
Ru Stoppelmon es un chico bajito y gracioso de Almelo, que ha comenzado el curso más tarde.
C. N. hace todo lo que está prohibido.
Jacques Kocernoot está sentado detrás de nosotras con Pam y nos hace morir de risa (a G. y a mí).
Harry Schaap es el chico más decente de la clase, y es bastante simpático.
Werner Joseph ídem de ídem, pero por culpa de los tiempos que corren es algo callado, por lo que parece un chico un tanto aburrido.
Sam Salomon parece uno de esos pillos arrabaleros, un granuja. (¡Otro admirador!)
Appie Riem es bastante ortodoxo, pero otro mequetrefe.
Ahora  debo  terminar.  La  próxima  vez  tendré  muchas  cosas  que  escribir  en  ti,  es  decir, que contarte. ¡Adiós! ¡Estoy contenta de tenerte!

Sábado, 20 de junio de 1942


Para alguien como yo es una sensación muy extraña escribir un diario. No sólo porque nunca he escrito, sino porque me da la impresión de que más tarde ni a mí ni a ninguna otra persona le interesarán las confidencias de una colegiala de trece años. Pero eso en realidad da igual, tengo ganas de escribir y mucho más aún de desahogarme y sacarme de una vez unas cuantas espinas. «El papel es más paciente que los hombres.»

jueves, 6 de febrero de 2014

Lectura 15

NOCHE DE VAMPIROS




Una rosa negra...
Llora lágrimas negras...
Sobre las líneas...
Negras...
De sus ojos…
Negros...


Avanza entre las calles sin mirar. Recuerdos. Piensa. Pero nada llega a su mente. Se ha bajado de la montura hace años. Pero no sabe bien, tampoco, cual es el nombre o el color de lo que siente. Una mujer se cruza en su camino y lo esquiva. Él no se da cuenta. Sólo escucha el sonido de la calle como si se tratara de un concierto. Sus ojos al mirar convierten cada detalle en una fotografía. Luego la guarda en algún lugar de la memoria. Sólo manchas. Formas. Cosas raras. El dolor lo ha anestesiado. Quieto. Quieto. Alguien a su lado hace ruido. Él mira. Siempre mira, aunque apenas recuerda quién es ese ser que lo acompaña.
Es Londres, 1985. Primavera.                                 
Es primavera, eso lo recuerda, aunque recordar es un trabajo difícil, hace falta concentración y estar despierto, y él nunca está despierto ni concentrado. Le duele la cabeza. Por las tardes le ocurre eso, una punzada, justo sobre los ojos. Como un sombrero de copa afilado. Vamos, se dice tratando de ordenar un poco las cosas.

Su nombre es Mateo Alvear, eso lo sabe Camina despacio por Trafalgar Square hacia Wardour Street en medio del aire tibio de una noche que recién comienza. Es lunes, No sabe mucho más.
El rechinar de ruedas a su lado lo inquieta. Siente el roce de los cuerpos en el tumulto, tocándolo. ¿Ha dicho algo? Tal vez, No está seguro, A su lado, alguien se mantiene atento. No se logra alejar. Cree saber que su nombre es Paul. Lo mira con los ojos nublados. Paul es un chico pálido, maquillado, rubio y estúpido.
Sí. Tiene que ser Paul Rainer, piensa, y baja los ojos. Claro. Claro. Paul Rainer. El nombre queda flotando. Pero en realidad todo siempre queda flotando. Ruuuun. Se da vuelta. Un automóvil pasa cerca y siente una estela de aire sobre la oreja izquierda. Los ojos se le cierran instintivamente. Mira nuevamente a Paul Rainer. Él lo mira de vuelta con los ojos embrutecidos. Le dice algo, Mateo no entiende. Tampoco quiere saber más. Está bien. Que se quede ahí, a su lado, tampoco le gusta estar tanto tiempo solo.
Vuelve a abrir la boca. Este tipo es insoportable. ¿Comamos un Mc Donald? Dice. Mateo da vuelta el cuello y lo contempla. Ok, es cierto. Ahí está la tienda. A sus espaldas. Pero no puede siquiera pensar en masticar un pedazo de carne de vaca. Lo imagina. Manos. Pan tibio. Aroma a cebolla y pepiños. Carne de vaca estrujada y caliente. Siente como una bocanada de nauseas lo invade. Decide no contestar. Seguir caminando. Ya están cerca. Si Paul Rainer quiere comer cadáveres por él está bien. Pero nada ocurre. Simplemente giran en Wardour y Paul Rainer baja el rostro ofendido. Tu no me escuchas, ha dicho, pero Mateo tampoco responderá a eso. ¿Para qué?
II
Desde luego que hace falta, le habían dicho sus padres. Algo hay que hacer. Entonces surgió esta idea. Mateo la pensó durante semanas y luego consiguió que la psiquiatra lo recomendara. Así sería todo mucho más fácil, ¿No?. Para todos.
Después, cuando estuvo seguro, cuando supo que vendría a esta ciudad se prometió no hacer nada tonto. Nada que lo echara a perder. Suficiente había pensado. Suficientes palabras de adultos y explicaciones y psiquíatras. Mateo es casi un niño. Pero no lo sabe. Jamás lo ha sabido. Ahora tampoco. Ahora mucho menos. Sólo acepta las cosas. Buenos días. Buenos Noches. Muchas Gracias. Todo eso lo dice como un autómata. También a Paul Rainer, su improvisado hermano en este improvisado intercambio estudiantil. Mateo Alvear, el mejor alumno de literatura inglesa en un colegio caro y repleto de literatura inglesa. Mateo Alvear, el pequeño Mateo es enviado de intercambio a un prestigioso internado para jóvenes ricos en Londres. ¿Se entiende?
¿Algo así? Supongo. Es decir. Suponemos. Todo parece normal, aunque a Mateo Alvear nada le ocurre alrededor. Todo lo que pasa es sólo una replica de lo que le pasa a él, adentro, en algún punto de su voluntad que jamás sede. Le importa estar aquí, eso sí. Y escuchar como todo el mundo habla con ese acento rebuscado que él practicó día tras días, sólo por joder.
Este es un buen lugar para él. No quiere echarlo todo a perder. Aquí, su rostro blanco que contrasta con los labios casi morados está de moda. Muy bien, piensa, esto está muy bien. Aunque él nunca ha usado maquillaje, como los demás, como Paul Rainer, que se pasa horas frente al espejo para obtener esa palidez pegajosa, una copia apenas tímida del blanco fantasmal de Mateo.
Ya lo sabemos ¿no?
Dos adolescentes caminan por Wardour Streer. Mateo Alvear ha llegado a la ciudad unos meses antes, sus padres lo han enviado en un programa de intercambio estudiantil. Para ver si mejora, piensan, para ver si es posible. Mateo, en cambio, no piensa. Su mente pasa. Camina por la calle Wardour escuchando el sonido que producen las suelas de sus zapatos sobre la piedra y los adoquines. De vez en cuando mira de reojo a Paul, quien se detiene en cada vitrina, para confirmar su aspecto, para corregir los mechones de pelo que caen sobre su frente, y palpar el maquillaje blanco que cubre su rostro. El delineador que dibuja sus párpados para darle aquel aspecto lloroso que añora, y que a Mateo no le hace falta.
El cielo está despejado y corre un viento delgado y cálido. Londres no parece la ciudad brumosa de las postales, y el genero de las ropas negras que cubren a Mateo Alvear corre delicadamente por su piel. Lleva una camisa blanca, de seda, repleta de pequeños botones. Su cuello largo y lampiño se mantiene tieso, sosteniendo una cabeza cuadrada y simétrica. Mateo insulta las calles con su belleza. Nadie lo mira a los ojos. Escupe sus brazos largos y delgados, vomita en el rostro de los Punks, gritándoles justo encima de las orejas descubiertas, la angustia imposible de dos ojos perfectos, teñidos de petróleo.

Pero es completamente incapaz de saberlo. Su mente está apagada. No existen espejos que lo reflejen, hace años que no se mira. Es por eso que nada le importa, es por eso que ahora se siente bien, aunque tampoco lo sepa. Hay palabras que no tienen sentido, ha pensado antes, también, mientras reflexionaba acerca de los motivos por los que llegó tan lejos. Los mismos por los que sus padres de entonces no pudieron más. Pero ya sus pasos los han llevado hasta Meard Street, ese oscuro callejón por el que las tribus de adolescentes vestidos de negro hacen su aparición en la noche, el lugar se llama Gossip, the dark heart of Soho… en la esquina de la calle Dean. Es noche de Batcave.

jueves, 30 de enero de 2014

LECTURA 14

LA PLANCHADA; QRO


En algún momento de nuestra vida alguno de nosotros ha estado internado o de visita en algún hospital, desde el momento de ingresar comenzamos a percibir vibras extrañas, nuestros ojos registran los rostros angustiados de los familiares, el intenso sonido de la sirena de la ambulancia, el ambiente es un vaivén desesperado de  médicos, todo es un cuadro  de melancolía, miedo y desesperación.




El saber que el paciente de la cama vecina ha dejado de existir, es en alguna forma un encuentro con la muerte, una experiencia única, en una cama un ser luchando por su salud, en la otra un cadáver, así de extrema es la vida dentro de los hospitales.
En estos muros también se guardan historias extrañas, espeluznantes, que oscilan entre el mundo de los muertos y los vivos. Una de esas historias es La Planchada.
Querétaro, les presenta su leyenda.
Cuenta la leyenda que existió una bella enfermera en los años 50´s, que estuvo profundamente enamorada de uno de los médicos del hospital donde ella trabajaba, él era bien parecido, fino en su trato, se dice que tanto como en su persona y su vestimenta siempre estaba impecable. 
Este galeno se llamaba Joaquín,  tenía una mente brillante, recién se había graduado con honores, esto lo hacía un tanto vanidoso y en muchas ocasiones insensible. Desde que llegó, el director de la institución  mostró su respeto y lo presentó ante sus compañeros (acto que jamás había hecho), sin embargo ese día la enfermera Silvia no fue a la presentación por estar atendiendo un paciente.
Silvia era conocida por ser entregada en su trabajo, responsable y cálida con los enfermos, siempre tratándolos con cariño, brindándoles palabras de aliento.

Con el paso del tiempo Silvia y Joaquín se conocieron a través, desde que se vieron ambos se gustaron, así que pronto comenzaron a salir, hasta que Silvia quedó totalmente enamorada.
Los meses pasaron y ella cada día se ilusionaba más, su trabajo lo desempeñaba de manera casi perfecta. Un día su felicidad creció, cuando Joaquín le propuso matrimonio, un acto cruel, pues era un hombre comprometido en otra ciudad.
Sabiendo que pronto se marcharía a otro hospital, Joaquín decidió terminar con la relación, era en un mes de octubre cuando le confesó que la había engañado, Silvia pensó que su mundo se derrumbaba ante esta declaración, se sintió burlada, una inmensa melancolía invadió su cuerpo, su rostro comenzó a desfigurarse, sus sentimientos nobles se transformaron en odio.
Las últimas palabras de Silvia para Joaquín fueron: “Te maldigo para siempre, jamás serás feliz, vivirás con la eterna culpa que yo te provocaré, te odio, te atormentaré en esta vida y aun después de muertos”
Al día siguiente, Joaquín ya no se presentó; por su parte Silvia, llegó siendo otra persona, su uniforme en perfecto estado, su cofia tenía una blancura asombrosa, sin embargo su rostro estaba demacrado, ojeroso, sus ojos totalmente rojos, su cabello largo apenas recogido, su mirada era fija, sin parpadear, la boca entre abierta, no contestó ningún saludo, de inmediato el Director del Hospital fue notificado de la situación, éste corrió en busca de Silvia, uno de los enfermeros dijo haberla visto rumbo a terapia intensiva, al llegar ahí la buscaron desesperadamente, y fue entonces cuando otra enfermera gritó:
- Aquí esta Silvia
El director y otras enfermeras se dirigieron a uno de los baños de esa área y descubrieron el cuerpo inerte de Silvia. Se había ahorcado, su rostro dibujaba una sonrisa diabólica, sus ojos estaban totalmente abiertos, en una de sus muñecas se había cortado para escribir con su sangre TE ODIO.
Desde aquel día el hospital ya no fue el mismo, pacientes como personal médico y administrativo, comenzaron a ver una extraña figura fantasmal que deambula por los pasillos del hospital.

La hora de las apariciones comienza a las 23:00 hrs hora en que se suicidó la planchada, en un mes de octubre. Quienes la han visto aseguran que no camina, sino que flota, y si alguien intenta seguirla, la persona no vive para contarlo. Por su parte los enfermos terminales son visitados también por la planchada, a ciencia cierta no se sabe si para acabar con sus vidas o para ayudarlas.
La leyenda también asegura que Joaquín al terminar su boda, salió con su recién  esposa rumbo a su luna de miel, a bordo de un auto de lujo, pero en la carretera, sufrió un mortal accidente. Moribunda la recién casada, con su último aliento alcanzó a decir: “vimos una enfermera sobre la carretera, no sé quién era, pero ella provocó nuestra muerte”
Desde entonces se dice que en todos los hospitales La Planchada se aparece., si la ves no la sigas…


miércoles, 22 de enero de 2014

Lectura 13


EL CALLEJÓN DEL BESO

La ciudad de Guanajuato es considerada como uno de los lugares más románticos de México, por sus estrechas y empinadas callejuelas, sus numerosas iglesias y viejas casonas multicolores, y por sus historias de amor, la mayoría de ellas relacionadas con el afamado "Callejón del Beso".


Todo el que llega a Guanajuato, sobre todo si es en pareja, pregunta por este sitio tan singular, donde se han acuñado diversas leyendas, como la que habla del amor de Doña Carmen y Don Carlos, una de las más sorprendentes por su valor trágico y romántico.
Según los lugareños, Carmen era hija única de un padre intransigente y violento que la tenía casi aislada de la sociedad, a fin de evitar que le llegara el amor y la arrebatara de su lado.
No obstante, en algunas "escapadas", Carmen fue cortejada por Carlos, un humilde minero, con el que se veía en un templo cercano a su hogar.
Al ser descubierta tuvo que soportar el encierro al que la sometió su padre, bajo la amenaza de enviarla a un convento y casarla en España con un viejo y rico noble, con el que, además, acrecentaría el padre su mermada hacienda.
En aquella época, todas las doncellas tenían a su dama de compañía, así que la bella mujer acudió a ella para pedirle que le entregara una carta a Carlos en la que le revela el trágico suceso. Mil conjeturas se hizo el joven enamorado, pero de ellas hubo una que le pareció la más acertada.

Una ventana de la casa de Carmen daba hacia un angosto callejón, tan estrecho, que era posible, asomado a la ventana, tocar con la mano la pared de enfrente. Si lograba entrar a la casa frontera podría hablar con su amada, y entre los dos, encontrar una solución a su problema. Preguntó quién era el dueño de aquella casa y la adquirió a "precio de oro". Así, los enamorados tuvieron largas noches para consumar su amor hasta que un día el padre escuchó los murmullos y entró a la habitación de Carmen y encontró a la pareja reunida. Enfurecido y en gran acto de violencia, clavó una daga en el pecho de su hija. Ante la tragedia, Carlos enmudeció de espanto y dejó en sus manos, tersas y sin vida, un tierno beso.
El joven no pudo soportar vivir sin el amor de Carmen y desesperado se suicidó, tirándose desde el brocal del tiro principal de La Mina de la Valenciana. Sigue...
La leyenda se corona con una advertencia: La pareja que visite este sitio y se de un beso en el tercer escalón de este afluente angosto logrará su felicidad durante siete años, sin embargo, quien no lo haga y pise el lugar, tendrá siete años de mala suerte. Para las personas que no llevan pareja, no pesa ninguna maldición, pero sí se les recomienda que busquen pareja rápido y al encontrarla, no duden en visitar juntos este lugar situado en la bella ciudad de Guanajuato. "El Callejón del Beso" destaca por su estrechez, ya que sólo mide 68 centímetros de ancho. Su atractivo radica en que los balcones de las dos fincas de este callejón prácticamente se tocan.
Ubicado en las faldas del Cerro del Gallo, en un barrio cuya construcción data del siglo XVIII, la edificación de las casas que conforman el callejón son sencillas y en un estilo peculiar acorde a la topografía de Guanajuato.
Confluye a este Callejón el del Patrocinio, a cuyo término se levanta la puerta principal de la Ex-Hacienda del Patrocinio de Nuestra Señora de Guanajuato, la cual formó parte de un conjunto de haciendas que se extendieron a lo largo de la cañada del Real de Minas.
Bajando desde el oeste por la Avenida Juárez, uno de los primeros atractivos que salen al paso es el Mercado Hidalgo. Aunque un poco desordenado, alberga un sin fin de recuerdos y artesanías relativas a la ciudad, al igual que dulces y comidas típicas.
Continuando calle abajo, aparece la plaza del Ropero con una fuente en medio y pequeños y estrechos caminos que salen de ella. Una de esas veredas, la que da hacia el cerro, es la que lleva al famoso "Callejón del Beso", estrecho y oculto rincón donde caben justo dos personas. Sin duda, "El Callejón del Beso" es el lugar que por curiosidad o romanticismo se ha convertido en uno de los más visitados de esta ciudad. A la fecha, cientos de estudiantes, turistas y pueblerinos solicitan a los dueños actuales subir a las habitaciones para prometerse amor eterno.

miércoles, 15 de enero de 2014

Lectura 12


Generación  sin  Esperanza
Lectura 12


Interesado en tu futuro…. Por que sí estudiar  y/o trabajar.



No estudian y no trabajan. Son millones de jóvenes en todo el mundo que se encuentran en especie de limbo existencial y que, desafortunadamente, son presa fácil de la delincuencia organizada, el narcotráfico y la violencia.
Se cuentan por millones y están por todas partes; es muy probable que conozcas a alguno e, incluso, que tú seas uno de ellos. Son los Ninis (ni estudian, ni trabajan), tribus de jóvenes y adolescentes que pasan inadvertidos para un mundo globalizado que les niega la posibilidad de desarrollar sus capacidades físicas e intelectuales.
Pudiera pensarse, en primera instancia, que este fenómeno se observa solamente en las llamadas “naciones en vías de desarrollo”, como México, pero la verdad es que ocurre en todos lados. En España, por ejemplo, el Instituto de la Juventud local acepta que casi 600 mil chavos se encuentran en estas circunstancias. En Argentina las estadísticas oficiales muestran que 20% de los jóvenes de 14 a 24 años pertenece a este “club”, y lo peculiar es que, al consultarlos, declaran no querer hacer nada. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU), 18% de los jóvenes uruguayos no estudia ni trabaja; porcentaje semejante se presenta en Brasil (19%) y Paraguay (21%). En el Caribe los adolescentes no se quedan atrás, ya que se estima que 20% tienen la etiqueta de Nini, mientras que en Centroamérica la situación es similar: 21% de la población de 16 a 29 años se inscribe en esta categoría.
Aunque hablamos ya de España, podemos decirte que si consideramos a Europa en su conjunto las cifras son verdaderamente alarmantes; sí, porque contrario a lo que pudiera pensarse, el porcentaje de jóvenes desempleados que “pasan el día en blanco” llega a 34%. Dicha cifra es sólo opacada por el índice registrado en África, donde 40% de los chicos están en el ocio completo.
México, un caso más desafortunadamente, México colecciona primeros lugares en temas como violencia, narcotráfico, corrupción e inmigración, así como en obesidad infantil y personas enfermas de diabetes (elevada concentración de azúcar en sangre por la incapacidad del organismo para aprovecharla).
En el caso del desempleo y la falta de oferta educativa dicha tendencia continúa. Los indicadores nos dicen que 7 millones de jóvenes pertenecen a la llamada Generación Nini; de ellos, 120 mil se encuentran en la capital de la República. Un dato complementario, ofrecido por la Secretaría de la Defensa Nacional, revela que en los últimos años 1,200 jóvenes han muerto en enfrentamientos suscitados entre los diversos grupos de narcotraficantes que existen en nuestra geografía.
Nelly Alarcón, encargada del área pedagógica de la dirección ejecutiva de tratamiento a menores del sistema penitenciario del Gobierno del Distrito Federal, explica que el entorno familiar donde se desarrollan los Ninis de México es de total abandono. Dicha falta de supervisión por parte de sus padres, dice la funcionaria, proviene de la necesidad de que ambos trabajen. Esta situación, aunada a la carencia de recursos para que los hijos puedan seguir su desarrollo escolar, promueve que haya gran ociosidad. “De allí a la delincuencia sólo hay un paso”, concluye la entrevistada.
Por su parte, el Dr. José Narro Robles, rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), ha subrayado la falta de oportunidades para los jóvenes mexicanos y el riesgo que esto implica, toda vez que muchos chicos creen que involucrarse con las organizaciones criminales es una manera de trascender socialmente. “Si seguimos confundiendo lo que es el éxito para una persona, si queremos pensar que alguien exitoso es aquel que en menos tiempo hace más dinero, estamos equivocándonos, y eso tiene que ver con el crimen organizado y con la búsqueda de salidas falsas que no llevan a ninguna parte”, ha dicho el máximo representante de la UNAM.
El Mtro. Sabino Bastidas Colinas, prestigiado analista mexicano especializado en política, leyes y administración pública, establece que la Generación Nini es problema muy grave, sobre todo porque la mayoría de los chicos que se encuentran sin trabajo y sin posibilidad de estudiar buscan alguna actividad productiva que les permita desarrollar sus habilidades, pero no la encuentran.

“Los Ninis viven en condición social de verdadera marginación, discriminación y exclusión social; son chicos que están obligados a mantener situación forzada de ocio frustrante, obligatorio, impuesto, incómodo, improductivo y, por supuesto, angustiante y doloroso. Son jóvenes desocupados que buscan acomodo, que tratan de encontrar un lugar en la sociedad, que luchan para conseguirlo pero, sencillamente, no lo logran. Asimismo, están en busca de trabajos y universidades, que hacen filas, llenan formularios, acuden a entrevistas y exámenes, pero sólo reciben negativas”, enfatiza.
Es lamentable, dice el académico, que esta situación ocurra en una etapa muy delicada de la vida, precisamente en el inicio del desarrollo profesional, es decir, la fase donde se originan los primeros proyectos y se trabaja para cumplir los sueños que se han forjado. “En ese instante los Ninis están a la deriva, el camino se obstruye y no tienen ruta hacia ningún lugar cierto. Los chicos esperan una oportunidad, mientras sus padres comparten su angustia y ansiedad porque no saben qué decisión tomar”. Como consecuencia, señala Bastidas Colinas, el fenómeno influye en la autoestima de los muchachos, lo que hace que se sientan deprimidos y desorientados. En este sentido, el especialista cita un estudio presentado por la asociación Mexicanos Primero, en el que se afirma que sólo 13% de los estudiantes que ingresan a primaria en México concluyen una carrera profesional.
Un ejemplo más son las cifras arrojadas durante el proceso de selección de ingreso a las licenciaturas e ingenierías de la UNAM, la universidad pública más grande e importante del país, pues de las casi 115 mil solicitudes recibidas, deja fuera a más de 105 mil estudiantes. Algo similar sucede con el Instituto Politécnico Nacional (IPN), ya que la demanda es de aproximadamente 110 mil jóvenes, pero rechaza a 88 mil 500 aspirantes.
Abunda el experto: “Al analizar esta situación nos preguntamos: ¿Cómo no ha pasado algo más grave en México? ¿A qué le apuestan las autoridades? ¿Piensan que el problema lo resolverá de manera natural la mano invisible del mercado? ¿Cuál es el efecto de tener a 7 millones de jóvenes en esa condición? ¿Qué consecuencias tiene? ¿Qué hacen esos muchachos? ¿Qué pasa con ellos? ¿Cómo se comportan? ¿A qué se dedican? ¿Qué piensan hacer? ¿Por qué no protestan? ¿Por qué no toman las calles?”.
Colofón
En realidad conocemos muy poco el fenómeno de los Ninis. Se trata de segmento muy especial y sensible de la sociedad, pero todavía no tenemos estudios serios que nos permitan saber realmente lo que está pasando con ellos y cómo procesan sus conflictos, puntualiza el politólogo, quien reconoce que muchos de estos muchachos viven de la solidaridad familiar, retardan la salida de casa y postergan planes de matrimonio e independencia económica. Algunos, por supuesto, no tiene otra opción más que la migración hacia Estados Unidos.

“Otros más deciden formarse en institutos de muy baja calidad. Es por ello que optan por estudiar idiomas o computación en academias de muy bajo costo, que dan algunas facilidades y que han crecido sin control. Evidentemente, muchos se incorporan al mercado laboral informal, y otros más se inscriben en las filas de la delincuencia organizada y el narcotráfico. Este sector de la población, como lo dijo el Dr. Narro Robles, constituye la bolsa de trabajo del narcotráfico”, concluye.


jueves, 12 de diciembre de 2013

Lectura 11

EL COLOR DE LA LIBERTAD




Había una vez un zoológico lleno de los animales más hermosos y exóticos que pudiera haber sobre la faz de tierra. Un día los encargados del zoológico trajeron un nuevo espécimen al lugar, se trataba ni más ni menos, que de un hermoso quetzal,  el cual habían atrapado por su hermoso y colorido plumaje, durante un tiempo fue la mayor atracción del lugar pero poco a poco, se fueron dando cuenta de que aquel hermoso animal comenzaba a quedarse  sin color. Todos sus tonos eran grises, blancos y negros tanto, que parecía salido de una  película antigua. Todos se preguntaban a que se debía su falta de color, y esto a su vez  lo hacía más  famoso, tanto que los mejores pintores y expertos  del mundo  entero habían visitado su zoológico tratando de colorearlo y encontrar la solución para devolverle sus colores,  pero ninguno había conseguido nada: todos los colores y pigmentos resbalaban sobre sus plumas.

Cuando pensaron que nada más se podría hacer por aquella ave,     apareció  un loco pintor,  era un tipo extraño que andaba por todas partes pintando alegremente con su pincel, nadie sabía quién era ni de donde había salido. Aquel hombre con una alegría indescriptible,  recorrió todo el zoológico admirando los hermosos colores de todos los animales que allí estaban, al llegar a la jaula donde se encontraba aquel ave de tristes colores se detuvo , observo  moviéndose de un lado a otro y dijo: ¡Yo voy a pintar a ese quetzal! saco su pincel y comenzó a pintar o mejor dicho, hacía como si pintara, porque nunca mojaba su pincel, y tampoco utilizaba lienzos sólo pintaba en el aire, todas las personas ahí presentes se preguntaban cómo haría para regresarle sus bellos colores, si solo pintaba en el aire; ¡Esta loco! Se escuchaba la voz de algunos, ¡Jamás le regresara sus alegres colores! Decían otros, y a otros tantos les hizo gracia que dijera que quería pintar al quetzal gris.


Al entrar en la jaula del quetzal, el loco  pintor comenzó a susurrarle, al tiempo que movía su seco pincel de arriba a abajo  de un lado a otro sobre el animal. Y sorprendiendo a todos, las plumas de aquel quetzal  comenzaron  a tomar los colores y tonos más vivos que un ave  pudiera  tener. Estuvo  mucho tiempo susurrando al bello animal y retocando todo su plumaje, que resultó bellísimo.

Todos quedaron asombrados por tan inexplicable acontecimiento que quisieron saber cuál era el secreto de aquel genial pintor. Él explicó cómo su pincel sólo servía para

pintar la vida real, que por eso no necesitaba usar colores, y que había podido pintar al quetzal con una sola  frase que susurró continuamente: "en sólo unos días volverás a ser libre, ya lo verás", los encargados le dijeron que por que le había dicho eso, si ellos no pretendían liberarlo ya que era el ave más hermosa que habían visto en toda su vida, a lo cual el pintor les respondió: -Amigos, no es necesario tener en cautiverio a tan bella  ave para admirar sus colores, basta mirar a nuestro alrededor y darnos cuenta que estamos rodeados de tantas bellezas, de hermosos colores que no solo en un ave podemos ver, podemos ver el hermoso azul del cielo así como los verdes prados, no privemos de la libertad de la cual todos tenemos derecho y somos merecedores de gozarla.

Y viendo la tristeza que causaba al quetzal su encierro, y la alegría por su libertad, los responsables del zoológico  finalmente lo liberaron en su hábitat  donde fue muy feliz y nunca más volvió a perder su color.

 Autor: Beth Alexandra Hernández César
1° C

Alumna de la Esc. Sec. Téc 33
“Juan Aldama”

martes, 3 de diciembre de 2013

LECTURA 10


LA FIDELIDAD EN EL AMOR





Había una vez en la antigua capital de los aztecas, Tenochtitlán (en donde ahora está el inmenso valle de México), un emperador que era muy poderoso. Unos pensaban que era sabio, otros que parco en sus alabanzas. Pero el emperador gobernaba con firmeza y esplendor, manteniendo alejadas a las feroces tribus que vivían al otro lado de las montañas.
Cuando el emperador estaba en la mitad de su vida, la emperatriz le dio un heredero para su rico reino. Era una linda y encantadora niña, a la que llamaron Ixtla. El emperador y la emperatriz la querían mucho y, como era su único hijo, la preparaban para que reinara cuando ellos murieran.
A Ixtla nunca le faltaban amigos, porque era una niña linda y cariñosa. Y cuando creció, se enamoró. Para la mayoría de las muchachas esto era un acontecimiento feliz, pero para la pobre Ixtla, no lo fue.
Su padre, que desconfiaba de todos, deseaba que ella reinara sola cuando él muriera; y le había prohibido que se casara.
Ixtla amaba a un guerrero al servicio de su padre, un fuerte y bello joven llamado Popocatépetl. Ambos se amaban más de lo que podría deciros, y, aunque eran muy felices cuando estaban juntos, sabían que la verdadera felicidad no llegaría hasta que se casaran y tuvieran hijos.
A pesar de sus súplicas, no podían convencer al emperador: Ixtla nunca se casaría.
Cuando el emperador ya era muy viejo, cayó enfermo. En ese fatídico momento las tribus enemigas del otro lado de las montañas se lanzaron sobre su reino y atacaron a sus súbditos. Sin un jefe prudente que los guiara, los soldados del emperador retrocedieron ante el ataque, hasta que todo lo que quedó de aquel gran imperio fue la ciudad de Tenochtitlán.
El emperador, enfermo, no podía designar un general que guiara a sus hombres en el combate, porque en ninguno confiaba lo suficiente. Pero sabía muy bien que si seguía pasando el tiempo y no tomaba una decisión, pronto no existiría imperio para él ni para su hija.
Entonces, lanzó una proclama: quien consiguiera vencer al ejército enemigo y lograra expulsarlo de sus dominios se casaría con su hija y regiría junto a ella los destinos del imperio.
Ixtla sintió miedo al conocer la decisión de su padre. Temía que otro valiente guerrero, y no su amado Popocatépetl, consiguiera vencer a las tribus enemigas. Prefería morir a casarse con otro.
Los soldados, al conocer la noticia, cobraron nuevos ánimos. Casarse con la princesa y regir el imperio era un premio tentador. Todos redoblaron su ardor y su astucia. Nunca antes se habían visto guerreros tan esforzados en el campo de batalla.
Pero la guerra fue larga y dura. Para entonces, las feroces tribus del otro lado de las montañas se atrincheraron en el lago de Texcoco, ante las murallas de Tenochtitlán.
Murieron muchos valientes, atravesados por los afilados machetes de obsidiana o por las lanzas. Muchos fueron también los soldados que sobresalieron por su valor en el campo de batalla.
Sin embargo, hubo uno que dobló su valentía a todos los demás y que logró sobrevivir. Era Popocatépetl, el único amor de la linda Ixtla. Al final, fue él, protegido por su grueso acolchado, empapado de sudor, quien dirigió el ataque más fuerte en la derrota del ejército enemigo y los expulsó del valle. Con gran regocijo, todos los soldados aclamaron como jefe a Popocatépetl.
Tras descansar una noche de su enorme esfuerzo, se dispusieron a llevar estas felices noticias al emperador.
Pero había algunos soldados malos que tenían envidia de Popocatépetl. Sin quedarse a descansar aquella noche, salieron sin ser vistos y al amanecer estaban ante el emperador. Y las noticias que le dieron fueron que, a pesar de que el ejército del emperador había logrado ganar la guerra, su jefe, Popocatépetl, había sido abatido en combate.
En cuanto el emperador oyó esta noticia, ordenó que el cuerno del héroe le fuera llevado para tributarle unas honras fúnebres adecuadas. Pero los malvados soldados dijeron que Popocatépetl había muerto a orillas del lago Texcoco y había caído al agua.
Pronto llegaron a oídos de la princesa Ixtla estas falsas noticias. Nada de lo que dijeran o hicieran su padre o su madre podía mitigar su dolor. Lloró y lloró, dejó de comer y de beber, y los mejores curanderos de la ciudad nada pudieron hacer para salvarla. No deseaba seguir viviendo sin su amado Popocatépetl y, al poco, exhaló su último aliento.
En el preciso momento en que moría, el victorioso desfile con Popocatépetl al frente llegaba a las puertas de la ciudad. victoriosos soldados avanzaban por las calles de la ciudad entre los vítores de la multitud, en dirección al palacio del emperador. Triunfante, Popocatépetl anunció al emperador la buena noticia de la victoria. Con lágrimas de alegría en s mejillas, pidió la mano de la princesa.
El emperador bajó la cabeza apenado. Contó al valiente guerrero las noticias falsas que le habían dado los malvados soldados, la enfermedad de su hija al conocer la falsa muerte Popocatépetl y su muerte poco antes de que él llegara.
El rostro tranquilo y rosado del joven se puso pálido; tomando su fiel espada hizo salir a aquellos falsos profetas de su destino y los desafió a todos a un combate singular: en presencia del emperador y de todos los victoriosos soldados, se batió en duelo con ellos y mató a todos aquellos hombres envidiosos. Nadie hizo el menor gesto para detenerlo.
Realizada esta tarea, se dirigió a la habitación donde yacía el cuerno de Ixtla sobre el lecho, en el reposo de la muerte. Con increíble delicadeza la tomó en sus brazos y salió del palacio y de la ciudad. Nadie hizo el menor gesto para detenerlo.
Después de alejarse de la ciudad, se detuvo e hizo señas a los soldados que le habían seguido en su duelo. Les ordenó construir una pirámide gigantesca con todas las piedras que encontraran en la llanura. Los hombres trabajaron duro y rápidamente, mientras Popocatépetl permanecía de pie ante ellos, con el cuerno muerto de la princesa en brazos.
Al ponerse el sol, el inmenso edificio estaba terminado. Se alzaba blanco e inmaculado, deslumbrante entre los moribundos rayos del sol.
Lentamente, Popocatépetl subió solo, llevando el cuerno de su amada. En la cima depositó con suavidad el cuerno de Ixtla, la princesa a la que tanto había amado, en una urna de oro.
Aquella noche durmió junto a la silenciosa tumba. Al alba, se dirigió a sus fieles soldados:
— Levantad ahora otra pirámide junto a ésta, un poco más alta que la primera, para que pueda ver la tumba de mi amada.
Con las luces púrpuras del atardecer la segunda gran pirámide estaba terminada y Popocatépetl inició su solitario ascenso de aquella mole de piedra, llevando esta vez una antorcha encendida. Al llegar a la cumbre, los soldados vieron desde abajo el humo ceniciento y la brillante llama roja iluminando la oscuridad de la noche. Poco a poco, el humo se volvió malva; después rojo fuerte, el color de la sangre.
Popocatépetl permaneció allí, alto y orgulloso, sujetando su antorcha en memoria de la linda Ixtla, que había muerto por su amor.

Llegaron las nieves, los años pasaron y las pirámides de piedra se convirtieron en montañas de cumbres blancas. Y allí están todavía. La del norte de Tenochtitlán es llamada Ixtla, Iztaccihuatl, la Mujer Blanca; la del sur, un poco más alta y todavía humeante, es llamada Popocatépetl, la Montaña Humeante.